lunes, 4 de junio de 2007

Los Soprano y yo

Una de mis ambiciones en la vida es comprarme (y ver, por supuesto) las temporadas completas de Los Soprano. Sí, aunque he visto todos los episodios en la TV, me quedan muchos puntos obscuros y detalles que no acabo de entender. La idea de que un capo mafioso se someta al psicoanálisis (explotada concurrentemente en Analízame) no es mal punto de partida para adentrarnos en las conflictivas relaciones familiares y de negocio que se tejen en un mundo tan desconocido para el común de los mortales.

Pero de todos modos, pese a que no son muchos los personajes centrales, hay tanto secundario gravitando a su alrededor que el espectador más atento llega a confundirse. Por lo demás, todos son viejos y panzones y andan en pants... digo, no tengo nada en contra de que un respetable señor de edad avanzada se deje crecer la panza y, por tanto, ande siempre en pants (única prenda con la generosidad necesaria para abarcar tanta carne) pero, caray, juntar a una docena de ellos como personajes de una serie de televisión vuelve las cosas un poco confusas, al menos para mí. Sobre todo porque entre una y otra temporada pasaba tanto tiempo que cuando recomenzaban, ya se me había olvidado todo lo que había pasado antes.

De repente llega un viejo panzón en pants, saca la pistola y la vacía en la persona de otro viejo panzón en pants. ¡Cómo! ¿Pos que no eran compadres? Pongo más atención y me entero que no, éste no era el compadre sino el archienemigo de la familia rival. En otra escena, llega otro viejo panzón de pants y, ¡cuidado!, va a sacar la pistola y a descargarla en otro viejo panzón (sí, también de pants). Pero no, lo que saca es un puro que ofrece cordialmente al que yo suponía era un archienemigo de la familia rival. El resultado es que me quedo en babia, sin saber quién es quién.

James Gandolfini, el actor que hace a Tony Soprano, explicó alguna vez que el éxito de la serie se debe a que hay un amplio sector de la población que puede identificarse con estos viejos panzones de pants, que se la pasan comiendo a dos carrillos todo tipo de alimentos grasosos y fumando como locomotoras de esos puros que a Fidel Castro ya le prohibieron por razones de salud. ¿Dijo identificarse? Más bien es envidia, diría yo.

Pero, en fin, como digo, lo que tengo que hacer es conseguirme las temporadas completas en DVD, verlas detenidamente, tomar apuntes de quién es quién, hacer diagramas con las relaciones... en fin, lo mismo que tuve que hacer cuando leí Cien años de soledad para orientarme entre tanto personaje (¡y todos Aureliano!).

5 comentarios:

Jessica Sosa Echagaray dijo...

jajajaja, los viejos panzones de pants!!!!!
ta gueno!

Mily dijo...

a mi me encanta la serie pero ps no tengo hbo...

Un dia le pregunte a mi papá que porque no veia los soprano si ellos en su casa si tenian hbo y me contesto que a él no le gustan los musicales... :S

Alfonso dijo...

Mily: Entiendo a tu padre; yo tampoco vi la primera temporada pues pensaba que era algo asì como "los tenores".

C. Luna dijo...

Yo no la he visto completa, pero pues me late; mi papá sí se la ha echado completita y cuando va a empezar le digo: "¡Ya empezó tu novela!." Que Tony vaya a terapia es buenísimo: imagínate que tú fueras y le digas a tu terapeuta: "Pues me escabeché a mi compadre porque me cayó gordo que se robara un cargamento completo de pants y no convidó". A parte, los matan con tanta facilidad que hasta se antoja, carambas, ja!
Saludos y nos leemos!

Kix dijo...

Me dan ganas de ver esa serie, todo el mundo la recomienda...

Y de los viejos panzones con pants, me hizo recordar un comentario que escuché hace algunos años, en el que decían que era curioso el fenómeno de dominguear: todo el mundo sale a la calle con pants, sudadera, tenis... en fin, todo el outfit deportivo, pero lo simpático es que nadie hace deporte alguno...