Yo debí haber sido niño del siglo XXI, tener Discovery Kids y pasar las tardes viendo Lazytown. Quizá así, tratando de emular al heroico Sportacus, no hubiera contraído lo que podría llamarse "couch-potatoedness", es decir, un trastorno del aparato motor que nos impide levantarnos del sofá cuando éste se encuentra frente a un televisor.
Pero primero fue el Intellivision, después el Atari y por último el Nintendo en sus dos versiones (nunca fue cliente del Sega, como puede verse; eso ya hubiera sido el colmo). El único músculo que movía para jugar a diferencia de lo que predican en Lazytown era el del pulgar. Claro, que si quisiera ser crítico, tendría que preguntarme como es que en la televisión invitan a apagar el televisor y salir a jugar al parque. ¿No se dan cuenta de que se quedarían sin público?
En fin, estoy seguro de que otra consecuencia de ver Lazytown de niño hubiera sido enamorarme de la niña rosa y su eterno optimismo. ¿Heidi? Por favor, ¿quien puede establecer lazos sentimentales con una mona tan ojona, que además se la pasaba a punto de llorar la mitad de la serie?
No llego al grado de querer demandar a las compañías fabricantes de videojuegos por mi actual condición física (chance si fuera gringo...), pues a fin de cuentas, cada quien es el arquitecto de su propio destino, ¿no dicen eso? Arquitecto, máistro albañil o media cuchara, el caso es que a estas alturas hay que asumir las responsabilidades actuales y las consecuencias de las decisiones pasadas.
El meollo del asunto es que, echando por la borda varios años de condicionamiento conductual, la semana pasada decidí entrar en un gym. La primera pregunta: ¿qué diferencia hay entre un gimnasio común y corriente y un gym? Las más obvia es el precio; otra diferencia es el olor y la última y más notoria es que los gyms son mixtos, mientras que los gimnasios suelen estar reservados a esas fábricas de testosterona que la gente bien intencionada llama atletas o deportistas.
Segunda pregunta: ¿cada cuánto hay que ir, así como para que uno no sienta que está pagando la altísima cuota en balde? ¡Horror! El "entrenador personal" que me asignaron recomienda de cinco a seis veces por semana ("el domingo puede descansar"), con sesiones de 45 minutos a una hora cada vez.
Pensé que me saldría más barato hacerme católico que atleta: con una hora de misa a la semana me aseguro la gloria eterna, a diferencia del gym, que exige un fervor rayano en el fanatismo. Pero mi super yo fue riguroso: estar aplanado una hora en la banca de la iglesia no me hará más provecho que estarlo frente a la TV (interesante comparación del altar con la TV, pensé para mis adentros; tendré que analizarla más adelante).
En resumidas cuentas, acabé inscribiéndome el lunes de la semana pasada, tras comprobar que efectivamente se trata de un gym (el elemento femenino me permitió hacer esa constatación, además de pesar favorablmente en el proceso de toma de decisiones) y cubrir la correspondiente cuota (anual, por cierto, que sale más barata que pagar cada mes). La cosa es que, pese a mis pesimistas previsiones, he estado yendo regularmente, tan temprano que ya para las 10 de la noche estoy que me caigo de sueño. Por cierto, esto ha tenido repercusiones negativas en mi vida social, que está a punto de multilicarse por cero. Espero que, antes de que esas consecuencias se derramen hacia mi vida laboral (previsible, por estar ambas relacionadas), ya me haya acostumbrado al ascetismo de la "buena vida" que prometen en el gym.
lunes, 11 de junio de 2007
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6 comentarios:
Siempre he pensado que "gym" es "nice" y que "gicnasio" es "naco". El primero donde asegún a parte de bueno te pones lindo y luces tu palmito en sweatsuits de marca, y el segundo ni te ves lindo, ni esperas que te vean lindo, porque entonces pues...mejor cuidate en las regaderas, ¡ah, y a parte pagas muchísimo menos!
Psst, por eso prefiero hacer ejercicio en mi jaus y mis bailes exóticos y no tener que ir a oler sudores ajenos ni sufrir aburridísimas clases de zumba y anexas, ¡qué flojera! ¡Saludos!
A que no duras más de dos semanas.
Ándale, esa diferencia de gym y gimnasio no me la sabía... yo voy a un gym o gimnasio, pero esta abajo de donde vivo, así que siempre estoy sóla con el instructor, hmmm... nunca averiguaré si es gym o gim.
Caro: Por si las dudas, mejor me baño en mi casa.
Plaqueta: Ya gané la apuesta, pues ayer cumplí las dos semanas... ¿cuál es mi premio?
Corizandy: La diferencia la detectas por la nariz; si huele a Glade es gym, si huele a sudor, es gimnasio.
Ja, me equivoqué en el comentario anterior.
Bue...Ejem, decía: voto porque sigas "postiando"...
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