No han sido poocs los amigos que he perdido por confesar que mi película favorita es Marcianos al ataque. Pero no creo perder mucho con su amistad: son de aquellos snobs que siempre se rebuscan en la mente hasta encoontrar una película obscura y desconocida, de algún país remoto, que los haga pasar por verdaderos conocedores del séptimo arte.
Los que hacen mayores concesiones en ese sentido recitan Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (de preferencia con su título en inglés), El cubo, Pi y los más arriesgados hablan de ¿Qué chin&%$%gados sabes? o como le llamen a ese falso documental al parecer producido por el canal Infinito.
Algunos van más allá y se niegan a hablar de películas: para ellos el chiste es ser fan de un director y así escuchamos la letanía encabezada por los hermanos Cohen y los Wachowski y rematada quizá con Tim Burton o Tarantino. Los más acendrados llegan hasta Buñuel y Godard.
Jamás de los jamases los escucharemos comentar alguna película jolivudesca ni, ¡valgame Dios!, el enésimo bodrio de Rob Schneider. De alguna manera, que al parecer sólo ellos conocen, se las arreglan para ver películas que nadie más ve. De ese modo, en las reuniones tienen que arrinconarse unos con otros para hablar a gusto, a salvo de las profanidades que circulan entre el 93% de los demás asistentes.
Como podrá entenderse, no lamento perder tales amistades. Caray, si alguien no reconoce que Marcianos al ataque es una genialidad, no quiero tener nada que ver con él (o con ella, llegado el caso).
domingo, 1 de julio de 2007
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